Ensayo:
"Salud en
Tiempos de Cuarentena"
A causa de la aparición y expansión del
nuevo virus COVID-19, la humanidad se vio enfrentada a mitigar los efectos que
esta causa, una de las formas de mitigar los daños que puede causar en la
humanidad es mediante el aislamiento, distancia que para que sea más efectiva,
se recomendó y obligo a las personas a no salir de sus casa. Algunas lo hacen
por recomendación del estado, por obligación, pero también hay personas que lo
hacen por temor a ser contagiados o contagiar a sus familiares. Esta es la
denominada cuarentena, que si bien ha disminuido la curva de expansión del
virus, también ha traído consecuencias o efectos secundarios en las personas.
Cuando se nos encomendó quedarnos en
nuestras casas, fue con la idea de detener o disminuir infectados, pero como
consecuencia, muchas personas han empeorado su salud, provocando trastornos
alimenticios, trastornos del sueño, sedentarismo, angustia y estrés. Una de las
interrogantes es, ¿Por qué ocurren estos problemas de salud al ser humano en
periodo de cuarentena? ¿Cómo poder atacar estos problemas mientras nos
mantengamos en aislamiento?, son preguntas que se requieren para buscar una
pronta solución y mejorar la salud física y mental de las personas.
La cuarentena ha traído varias complejidades
al momento de vivir el día a día y una
de las más difíciles es el trastorno del sueño, concretamente “El insomnio”.
Este, es un efecto natural de una situación de estrés, angustia y preocupación.
El aislamiento social ha generado convivir con uno mismo siendo consumido al
tener una rutina con patrones de vigilia, donde nos dormimos tarde y nos
levantamos más tarde aún. En algunos casos nos quedamos todo el día en cama
viendo televisión, no vemos la luz del día, o no nos ponemos en movimiento.
Este trastorno nos muestra como el encierro afecta nuestro estado de salud
emocional, puesto que al dormir poco se genera
irritabilidad, cambios de humor drástico, desorden alimenticio y estrés
rutinario.
Todo lo antes mencionado, se puede generar
por la poca actividad que se realiza durante el día aumentando el sedentarismo
y naturalizando el andar en pijama,
y la tecnología que permite
consumirnos con sus distractores como las series, películas, redes sociales, lo
que no nos deja pensar en hacer cosas productivas para realizar día a día,
provocando que nuestro sistema biológico cambie completamente y se vuelva loco.
También, este trastorno puede ser generado por la angustia de querer compartir
con nuestros seres queridos y amistades, dejándonos estrés al momento de irnos
a dormir o el simple hecho de pensar en qué pasará mañana con esta pandemia o
cómo este virus nos mantendrá en una rutina por más tiempo.
Hay
testimonios de personas que se sienten tan consumidos por el estrés y angustia
de no dormir, que al hacerlo generan pesadillas, así lo dijo El neurólogo
Hernando Pérez, especialista del Centro de Neurología Avanzada de España: “Este
trastorno se ve agravado cuando hay situaciones en nuestra vida diaria que
aumentan nuestros niveles de estrés y ansiedad. De alguna manera nuestro
subconsciente lo plasma en nuestros sueños” (BBC, 2020). Asimismo,
preocupaciones como la estabilidad laboral, el miedo a la infección, el
aburrimiento y la posibilidad de sufrir desabastecimiento de artículos de
primera necesidad, son algunos de los factores que provocan este padecimiento.
Además en consecuencia de la actual pandemia,
nos hemos visto obligados a cambiar nuestra rutina y estilo de vida de forma
demasiado abrupta, impidiéndonos cumplir con la actividad física que nuestro
cuerpo recibía diariamente, ya sea ir al gimnasio, el mítico partido de fútbol
con los colegas o simplemente las numerosas escaleras que transitábamos para
realizar nuestros deberes laborales.
Lo que no parece preocupante a corto plazo e
incluso puede sentirse como un merecido descanso, el cual nos podría terminar
pasando la cuenta en nuestra salud tanto física como mental, ya que según los
especialistas en medicina del deporte a partir de la octava semana la perdida
muscular puede llegar hasta a un 12% y la reducción de nuestro glucógeno
muscular (energía necesaria para el funcionamiento adecuado del cuerpo)
fácilmente es de un 40%, perdidas que seguirán inevitablemente en aumento entre
más prolonguemos nuestra inactividad, sin olvidar el incremento del porcentaje
graso, el cual inevitablemente continua en alza si tenemos malos hábitos, lo
cual conlleva a múltiples enfermedades cardiovasculares que pueden llegar a ser
mortales.
Nuestra mente se ve también afectada
enormemente al no realizar actividad física, ya que no liberaremos las
endorfinas que esto produce, impidiéndonos sentir la sensación de felicidad y
bienestar generada por estos neurotransmisores, aumentando el riesgo de
depresión, disminuyendo significativamente nuestra autoestima y generándonos un
constante estrés, llevándonos a una constante preocupación que no nos deja
tener una vida plena y saludable como debería ser.
El mundo entero está reestructurando sus
vidas diarias para adaptarse a la nueva
“normalidad” del distanciamiento social y el estar encerrados en nuestras casas
como consecuencia del brote del covid-19. Mientras algunas personas aprovechan
al máximo el tiempo que tienen para hacer ejercicio, comer más saludable, y
distribuir mejor su tiempo, otros están siendo consumidos por el encierro,
presentando cuadros de ansiedad o cansancio mental que finalmente terminan por
provocar que caigan en hábitos poco saludables. Según el Eating Disorters
Association, durante este aislamiento es donde podremos ver una mayor cantidad
de gente caer en trastornos
alimenticios, comenzando a aparecer una falsa sensación de control en un mundo
completamente fuera de control.
Muchas veces cuando nos encontramos en
situaciones de vulnerabilidad, buscamos la necesidad de adormecer nuestras
emociones como un medio para escapar y lo único que logramos es que el trastorno se convierta en una estrategia para
"adormecer" y no experimentar su espectro completo de emociones,
debido a que nuestros sentidos se vuelven cero en consecuencia de la
desnutrición.
Hay muchas formas de caer en este trastorno,
no es solo lo que uno sabe de la anorexia y bulimia, sino que también existe
una forma que se llama atracón el cual consiste en que una persona que no sepa
manejar su estrés o no sepa controlar su ansiedad cae en una constante
necesidad de comer. Sienten que como no saben controlar lo que los rodea
tampoco saben controlar su necesidad de comer y es el que, lo más probable, sea
más conocido en estos tiempos. Es muy fácil encontrarnos viendo una película o
binge watch, una serie y querer comer algo dulce o salado, de este modo
empezamos a tener antojos y nos encontramos comiendo más de lo común y por
ninguna razón. Por otro lado, existe el otro extremo que con todo lo que está
pasando no quiera comer por el simple hecho de que no se sienta con ánimos o se
sienta desesperada.
Un trastorno alimenticio es una enfermedad
mental y no es una elección, es por eso que durante este tiempo nos debemos
mantener en una rutina de constante movimiento, con una buena comunicación
tanto con familiares como amigos, para así no dejar que nuestros pensamientos
dominen nuestra salud.
Esta pandemia nos ha obligado mantenernos en
casa para una mayor seguridad sanitaria, pero con el tiempo de a poco nos
traerá otro tipo de problemas, tanto rutinarios como de salud. La clave para
poder sostener este periodo indeterminado, es mantenernos activos físicamente
dentro de nuestro espacio seguro, los cuales pueden ser espacios abiertos
exentos de multitudes o grupos, buscar actividades diferentes que puedan
mantener el foco de atención lejos del estrés y el aburrimiento.
Cada uno está viviendo este aislamiento de
manera distinta, cada uno vive una realidad diferente, donde podemos caer en
estos trastornos puesto que no sabemos manejar nuestros sentimientos o
simplemente porque no sabemos qué hacer y es ahí donde más que nunca tenemos
que estar para ayudarnos a mantener la comunicación activa y jamás dejar a
alguien solo y sobre todo busca tu felicidad, expresa y contagia tu felicidad…
¡Esto pasará!

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